El médico legista

Mi matrimonio estaba terminado, pero yo no me había ido de mi casa todavía. Mis abogados me habían advertido que podría ser denunciada por algo que se llama abandono de hogar, y que eso iría en contra del pleito que ciertamente se generó después alrededor de mi hijo.

Aguanté lo que pude hasta que su alcoholismo rebalsó mi capacidad de tolerar. Ese día mi cuerpo se llenó de esa energía que te hace sentir que puedes con todo, esa que en realidad encubre su reverso: el miedo terrible de saber que estaba entrando en la peor pelea de mi vida. Decidí irme, llamé a una mudanza y cuando supo que estaba sacando mis cosas, volvió a la casa a impedirla. Se subió al camión a deshacer mis cajas, yo me fui hacia su escritorio para sacarlo de ahí y fue en ese momento que me sacó a empujones de la que era mi casa. Los serenazgos del parque llamaron a mi familia, y fue con su ayuda y la de la policía que finalmente logré sacar algunas de mis cosas para irme. Por supuesto terminamos en la comisaría con denuncias mutuas por violencia.

Al día siguiente tuve que ir a un médico legista. En la cola había dos mujeres con las caras prácticamente desfiguradas. Me sentía ridícula de estar ahí, pero entré, me subí el polo y le dije claramente al médico que no tenía ninguna marca. Si bien me había empujado contra la vereda, esto no había dejado ninguna consecuencia en mi cuerpo. Algún tiempo después supe que él también había pasado por ese examen. Pero, a diferencia de mí, él llegó lleno de lesiones autoinfligidas. El médico lo supo, se lo dijo y en lugar de reportarlo le cobró por no hacerlo.

Han pasado cuatro años desde ese día. Cuatro años llenos de historias similares de abusos, coimas y silencios cómplices. Pero esta historia es la que vuelve a mi cabeza una y otra vez. Quizá porque mi mente no deja de preguntar cómo serían las cosas si este primer funcionario público hubiese reportado en lugar de quedarse callado. Cómo sería mi historia si ese primer día se hubiera puesto al descubierto su cobardía repulsiva. A veces pienso que todo sería distinto, pero luego repaso las historias que vinieron después y pienso que no. Que la complicidad con el machismo y la psicopatía resulta de un pacto inconsciente que muy pocos logran pensar.

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Sin anestesias