El médico legista
Aguanté lo que pude hasta que su alcoholismo rebalsó mi capacidad de tolerar. Ese día mi cuerpo se llenó de esa energía que te hace sentir que puedes con todo, esa que en realidad encubre su reverso: el miedo terrible de saber que estaba entrando en la peor pelea de mi vida.

Sin anestesias
Empezaba el invierno del 2017 en Lima y yo estaba montando caballo cuando un volquete que arreglaba los desbordes de los huaicos tiró unas piedras haciendo una bulla terrible que asustó a mi caballo haciéndolo correr desbocadamente. No tenía cómo pararlo así que salté al piso y caí mal. Un tiempo después supe que me había fracturado mínimamente la pelvis, pero ese día, el dolor que se llevó mi atención fue el de la patada de caballo que me cayó en la cara al seguir galopando cuando yo ya estaba en el suelo.

Si tú y yo
Si tú y yo fuéramos amigos, yo te llamaría cientos de veces al día. Te contaría de las veces en las que nuestro hijo se parece a ti y te hablaría de todos los momentos en los que siento que es un niño increíble. También te haría saber de sus nuevas palabras y registraría para ti cada uno de los juegos que inventamos juntos.

Limpiar la casa
El 6 de marzo del 2020 me fui de la que había sido mi casa por algo más de seis años. La relación con mi esposo terminó de desplomarse y ese día se convirtió en una secuencia interminable de escenas cargadas de violencia y de locura; escenas con las que tengo pesadillas hasta hoy.

Fotos de cuarentena
Me llamo Talía, tengo 37 años y soy psicóloga clínica. Estudié dos maestrías, una en teoría psicoanalítica y otra en estudios culturales. No sustenté ninguna de las tesis que escribí. Luego hice una formación en psicoterapia, pero tampoco presenté los trabajos finales para graduarme.

Escenas de cuarentena
Una vez cada tres o cuatro días cargo a mi hijo en brazos, subo el volumen de lo que estoy escuchando y lo obligo a bailar conmigo. Al principio él se resiste, pero luego, cuando mi energía divertida lo levanta sin preguntarle, no le queda otra que sumarse.

Objetos de cuarentena
Tengo un corazón de cerámica que dice Confía apoyado en una foto hermosa de mi hijo. Me lo hizo mi mejor amiga. Me lo regaló cuando empezó mi separación: un proceso de odio, violencia y locura que a pesar de todos mis esfuerzos no he logrado cerrar.