Si tú y yo

Si tú y yo fuéramos amigos, yo te llamaría cientos de veces al día. Te contaría de las veces en las que nuestro hijo se parece a ti y te hablaría de todos los momentos en los que siento que es un niño increíble. También te haría saber de sus nuevas palabras y registraría para ti cada uno de los juegos que inventamos juntos.

Si tú y yo fuéramos amigos podrías entrar y salir de mi casa cada vez que quisieras. Nadie nunca te quitaría ese derecho y siempre serías bienvenido. Me harías bromas de mi nueva casa, de lo tanto más cómoda que según tu estaba en la tuya. Nuestro hijo iría y vendría entre nosotros sabiendo que él fue el resultado de un encuentro de amor que cambió de forma, pero sigue existiendo.

Si tú y yo fuéramos amigos nuestras vidas serían mucho más fáciles, mucho más felices. Compartiríamos lo que más queremos en el mundo y esa sería la mayor de las complicidades. Podríamos padecerlo juntos cuando se ponga difícil, también reírnos con él y para él.  Compartiríamos lo afortunados que somos de tenerlo y le haríamos saber que somos un equipo para él.

Pero tú y yo no somos amigos. Todo se malogró entre nosotros y ahora solo queda defenderme de ti. No estamos en el mismo equipo y voy a pelear contigo con la misma intensidad con la que te hubiera cuidado. Y resulte lo que resulte de nuestra pelea, tu te irás haciendo cada vez más pequeño e insignificante dentro de mí.

Espero que el amor por tu hijo logre cuestionar tu prepotencia y tus formas tan equivocadas de hacer las cosas. Pero si no sucede, ten la seguridad que nuestro hijo va estar bien a pesar de todo lo que lamentablemente recibimos de ti. Yo aprenderé a vivir así, compensando en él lo que haga falta, tratando de mantener y cuidar tu imagen en su mente todo el tiempo que pueda, pero preparándolo para que tarde o temprano, cuando tu realidad caiga sobre él por su propio peso, tenga los recursos para acomodarla, asumirla y seguir adelante.   

Y el tiempo pasará, yo dejaré que se empolve la idea de ser amigos. Poco a poco me daré cuenta que es una idea absurda que tiene que ver con alguien que yo inventé y no con quien eres en realidad. Me sentiré tranquila cuando voltee a mirar todo lo bueno que dejé sobre tu cancha. Tú, en cambio, sentirás hincones que te dolerán en el pecho, pequeños recordatorios de la vida que perdiste, de una calidad que no supiste tener.

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