Redes sociales y subjetividad contemporánea
Redes sociales: más allá del espacio humano
Hace aproximadamente 15 años muchos de los grandes portales de la web empezaron a quebrar. [1] Hasta ese entonces, las súper-webs, que habían colonizado el espacio virtual siguiendo la lógica de los medios masivos de comunicación en las que se podía encontrar todo tipo de información en una misma página, fueron reemplazadas por plataformas caracterizadas por una arquitectura de participación de los propios usuarios. Fue entonces que se inició el tiempo de la Web 2.0, el surgimiento de la segunda generación en la historia de la tecnología web, esta vez caracterizada por la oferta de servicios orientados a fomentar la producción y el intercambio de información entre quienes antes, sólo la consumían.
La Web 2.o es un buen ejemplo de lo que el sociólogo Manuel Castells ha conceptualizado como Sociedad Red: una cuya estructura social se encuentra atravesada por redes de información y de comunicación que permiten a los individuos de todas partes del mundo interactuar en cualquier momento. Aunque esto no signifique que todas las personas del mundo estén incluidas en ese intercambio, sí significa que todo el mundo se ve afectado por los procesos que tienen lugar en estas redes globales (2002: 56-57). Dicho de otra manera, se trata de una nueva cultura cuya estructura social se está constituyendo a partir de la web y que, incluso, depende de ella.
De hecho, en la actualidad, todos advertimos la increíble velocidad con la que cambia el panorama virtual y la inacabable posibilidad de conectarnos con personas de todo el mundo a través de Internet. Ello es posible debido a las relativamente nuevas herramientas de comunicación digital, tales como el correo electrónico, los blogs, Facebook, Instagram, Youtube, Myspace, Whatsapp, Snapchat, Tinder, Gaydar, etc.
Ahora bien, la emergencia y el uso cada vez mayor de tantas redes sociales debe situarse al interior de una tendencia cultural contemporánea caracterizada por el impulso de querer hacerse visible. Estas redes son un ejemplo de cómo hoy, las identidades son en buena parte construidas de forma mediática. La mayoría de estas redes incluyen información que corresponde a la vida singular de cada quien: son espacios cuya función es exponer los aspectos públicos (trabajo, formación académica) y privados (fotos, intereses, pensamientos) de cualquier persona. Cada vez son más quienes tienen cuentas en una o más de estas redes que les permiten crearse, observarse, reinventarse y “relacionarse” con otras personas.
De hecho, esta tendencia ha recibido reconocimientos en importantes medios de prensa. Uno de los más significativos fue dado por la edición de diciembre del 2006 de la revista estadounidense Time, en la que desde hace ocho décadas se destaca a personas que hayan afectado los noticieros y nuestras vidas incorporando algo nuevo y de relevancia mundial. Así, en ese número de la revista, fue la gente común la elegida como la personalidad del 2006: en la tapa de la publicación se había puesto un espejo que tenía por finalidad reflejar la cara de cualquier lector, con lo cual se buscaba reconocer el incremento inaudito del contenido producido por los usuarios de las nuevas tecnologías de la web 2.o (Sibilia 2008:11).
Pero ¿qué podemos decir sobre estas nuevas redes sociales? O, más precisamente: ¿qué podemos decir sobre sus usuarios a través de su análisis?
Blogs autobiográficos[2]: la gratificación narcisista de la mirada del otro
Los blogs autobiográficos son aquellos en los que una persona escribe sobre sí misma expresando sus deseos, fantasías y experiencias. Son diarios online con los que las personas cuentan para a la vez construir y expresar las constantes transformaciones de sus subjetividades y modos de ser y estar en el mundo.
Ahora bien, lo que llama la atención sobre esta herramienta virtual es que el diálogo con uno mismo y las auto reflexiones que se ensayan en estos blogs estén colgados en la web. Parece evidente, a pesar de lo íntimos que son estos diarios, que sus autores quisieran compartirlos con alguien más. Es preciso entonces responder ¿de dónde proviene la necesidad de un otro? Y, también, ¿por qué obtener la mirada de otros sobre uno se ha vuelto tan vital en la actualidad?
En su artículo El estadio del espejo (1971) Jaques Lacan planteó que el sujeto se constituye entre los seis y los dieciocho meses de edad, momento en el que tiene lugar la formación del yo. En este periodo, el infante es capaz de mirarse al espejo y reconocer su imagen. Sin embargo, como bien lo advierte Lacan, la imagen que el infante ve no corresponde a lo que experimenta en su cuerpo: mientras que él percibe su cuerpo y sus vivencias como fragmentadas, el espejo le devuelve una sensación ilusoria de unidad. Queda entonces el registro de una imagen completa y perfecta de uno mismo, una suerte de yo ideal imaginario donde uno es eso que el otro desea. Sucede que detrás de esta imagen se encuentra la madre promoviendo una identificación, diciéndole al infante de distintas maneras “tu eres eso” “tú eres, tú debes ser, el objeto de mi deseo” (Ubilluz 2006:23). Durante este periodo hay una plena identificación narcisista con el deseo de la madre, lo que equivale a decir que la subjetividad se funda mediante el ser aquello que la madre desea. En ese sentido, habrá que considerar que sea cual sea nuestro modo de ser y de estar en el mundo, este siempre empezó estableciéndose en función a la mirada y al deseo de alguien más. Por su parte, esa imagen de unidad que se construye durante el estadio del espejo, permanece en las personas como un momento atemporal al que siempre se busca volver.
Ese tiempo pasado sin carencias y sin falta es uno en el que el deseo de los otros por uno no conocía límites, haciendo que la omnipotencia de los primeros años no los tenga tampoco. Hay que considerar, además, que esa imagen fue creada a favor de uno: el psiquismo no podría constituirse como tal si no fuera por esa imagen unificada que al perderse activa el deseo por recuperarla. Asimismo, la construcción de la subjetividad necesariamente requiere de ese deseo de la madre que en un principio nos dice quienes somos, de esa presencia de un otro que al mirarnos funda los primeros esbozos de la persona que seremos.
Esta alienación constitutiva de la subjetividad que tiene lugar durante el estadio del espejo no termina ahí. Este tiempo llega a su final con la introducción de un tercero en la ecuación: la figura paterna, representante de la ley y del orden simbólico, entra a ponerle un coto al deseo de la madre por el niño y, así, esta etapa de identificación narcisista finaliza con la introducción de las leyes sociales a través del lenguaje, que se encarga de delinear los márgenes de lo que el infante cree posible. Este ingreso de la ley construye un mundo en el que la omnipotencia infantil debe quedar en el pasado, instala una falta en el sujeto, una suerte de carencia que será la causa que active su deseo. Bien sabido es que las personas nos encontramos siempre buscando algo, un deseo que toma miles de formas, que puede alcanzar sus metas parcialmente, pero nunca dejará de persistir en su búsqueda. O dicho de otra manera, en tanto la estructura del deseo es siempre desear que el otro nos desee, este nunca terminará de encontrarse satisfecho en su totalidad.
Entonces, la dinámica que se ve en los blogs se encuentra entonces, entre dos caminos que muchas veces se confunden y se superponen: o cubrir o aceptar la falta. En la web, hay blogs que buscan elaborar esa falta a través de múltiples reflexiones, pero, también, hay los que la niegan tratando de encontrar las miradas que generen la ilusión de ser nuevamente ese objeto completo y perfecto que el otro desea. Ahora bien, esta distinción entre los “tipos de blogs” es en realidad puramente teórica. De hecho, aunque en algunos casos una tendencia se encuentra más presente que la otra, es la mezcla de ambas lo que se haya en los blogs autobiográficos. O mas precisamente, el intento por elaborar la falta deviene muchas veces -debido a la mecánica mediática de los blogs- en su negación, lo cual configura lo que desde el psicoanálisis se entiende como la expresión de rasgos narcisistas de personalidad.
De hecho, muchos autores coinciden en establecer que este tipo de literatura alrededor de lo personal podría entenderse asociada al narcisismo. Freud (1914) utilizó el término “narcisismo” para referirse a la actitud resultante de la reconducción sobre el yo del sujeto de las investiduras libidinales antes dirigidas a los objetos del mundo externo. Es pues, una configuración psíquica en la que uno se convierte en su propio objeto de amor y de odio, lo cual se manifiesta en la expresión de una insatisfacción vaga, difusa y constante, en la experimentación de sensaciones de vacío, en la oscilación de sentimientos hacia a uno mismo y hacia los demás y en la tendencia de ver el mundo como una suerte de espejo cuya función es restituir el reflejo de la propia imagen; de esa imagen unificada, perfecta y merecedora de todo deseo, característica de los primeros años (Bruce 1995:30).
Podemos afirmar que el narcisismo se encuentra en directa relación con el declive de la función paterna, encargada de ponerle un límite al deseo de la madre por el niño permitiendo que este se introduzca dentro del orden simbólico. Surge entonces una tendencia a que las personalidades se construyan perpetuando la forma de esos primeros años de vida en los que la omnipotencia era una realidad, en los que la identificación con el deseo narcisista de la madre situaba al infante como su objeto de deseo. Cuando esta estructura de relación se mantiene en la adultez, se configura otro tipo de escenario: el sujeto narcisista es aquel que no acepta la falta, que se sigue pretendiendo tan completo como su imagen en el espejo. Un narcisista es, en resumidas cuentas, alguien que permanece en la condición de súbdito que vive procurando el amor de un otro (Ubillúz 2006:24). Hay, en ese sentido, un intento por perpetuar las relaciones que se asemejen a ese modelo instalado en la primera infancia: la relación de complementariedad y servidumbre entre el niño y la madre, se convierten en una suerte de matriz narcisista de las relaciones sociales (Ubillúz 2006:26).
En la blogósfera, se encuentran muchos casos en los que es evidente que la gratificación narcisista de la mirada termina comandando lo que se escribe y la forma en que se hace. En tal sentido, la significativa emergencia de este tipo de blogs parece indicar que la alienación constitutiva de los sujetos ha encontrado en este medio un lugar donde hacerse evidente y, de este modo, intensificarse. La mayoría de textos que se publican en estos blogs son la muestra de un deseo por captar miradas ajenas, las mismas que serán las encargadas de validar (o no) la identidad de quien escribe.
Ahora bien, es fundamental tener en cuenta que exhibir la intimidad mediante un blog supone también su construcción. El carácter performativo de los blogs es constitutivo de las subjetividades, pues la narrativa personal construye en ese acto, la propia identidad de quien escribe. Más aún, en los blogs autobiográficos encontramos una característica que Sibilia (2008) ha descrito como una espectacularización de la intimidad, es decir, un tipo de narrativa que intensifica la intimidad haciéndola merecedora de la mirada de los otros[3].
Aunque lo íntimo hecho público también pueda ser un intento por crear nuevos y diferentes sentidos a la propia realidad, lo cierto es que se hace desde un lugar absolutamente instrumental para el mandato de visibilidad que exige la contemporaneidad. Podemos concluir entonces que la exploración del yo en un blog puede devenir tanto en la posibilidad de encontrar nuevos sentidos a la propia vida como en un repliegue narcisista. O más precisamente: en tanto el ejercicio de escribir sobre uno mismo involucra siempre la dimensión de un otro-social, esta búsqueda singular y personal es muchas veces capturada por el narcicismo que caracteriza a los tiempos actuales.
Facebook e Instagram: ¿hay alguien ahí?
Facebook es una red social que actualmente cuenta con más de 1400 millones de usuarios activos en todo el mundo. Se trata de una plataforma en la que cada quien tiene un perfil que incluye todo tipo de información: historia académica, trabajos, información de contacto (celulares, dirección, Skype, correo electrónico) fotos, procedencia, y la posibilidad de tener una lista ilimitada de amigos con la que además uno puede chatear. Son perfiles interconectados que comparten una sección común en la que –como si fuera un periódico que informa- se van publicando constantemente los distintos contenidos que los usuarios comparten. Desde el 2007 –que fue el año en el que esta plataforma fue puesta al servicio de los usuarios de Internet- Facebook se ha caracterizado por ser un espacio en el que las personas parecen auto promocionarse. Así, la descripción sobre los rasgos narcisistas que he descrito en líneas anteriores para explicar la dinámica de los blogs autobiográficos serviría también para entender el uso de Facebook.
Ahora bien, existe una diferencia significativa entre lo que hacen los usuarios de los blogs –escribir textos sobre sí mismos- y lo que hacen los usuarios de Facebook: compartir fotos, estados de ánimo, pensamientos, planes, eventos, etc. En los segundos, las imágenes priman sobre la palabra escrita. De este modo, en el perfil de un usuario promedio, uno encuentra una gran cantidad de fotos. Sucede lo mismo con los usuarios de Instagram, quienes solo comparten fotos pues es una red más pequeña diseñada especialmente para eso. Pero ¿por qué es que alguien comparte sus fotos o links de interés? ¿Qué es lo que espera recibir del grupo de amigos que tiene acceso a esas publicaciones? La respuesta es simple: se buscan «likes»[4] o, más precisamente, la expresión de que hay alguien escuchando o mirando lo que la persona hace/publica. En la conferencia Conectados pero ¿solos?, la psicóloga Sherry Turkle plantea que una de las verdades que explican el uso exagerado y dependiente de las redes sociales es que no hay nadie escuchando («No one is listening»). Frente a la tendencia actual de ignorar al otro y teniendo en cuenta que hay un primado del individualismo, las redes sociales como Facebook o como Instagram están construidas de tal forma que quien participa de ellas pareciera tener oyentes automáticos que se expresan por ejemplo en los «likes» que uno recibe.
En este punto es importante mencionar que la gran mayoría de las publicaciones en estas redes son en mayor o menos medida editadas y retocadas. De hecho, uno de los slogans publicitarios de Instagram -que cuenta con múltiples filtros de luz para mejorar las fotos que uno toma con su celular- era “usas Instagram porque te ves pésimo en hd” («You use Instagram because you look like shit in hd»). La frase muestra una verdad: a saber, que es evidente que editamos lo que escribimos, retocamos las fotos que colgamos, borramos lo que no nos gusta y usamos todas las herramientas que estas redes nos ofrecen para construir en ellas una versión sin defectos de nosotros mismos, una construcción que nos remite nuevamente a esa formación esencialmente narcisista.
En este punto, parece preciso recordar que una de las funciones del superyo -heredero del complejo de Edipo- es liberar al yo de los ideales narcisistas. La constitución de esta instancia psíquica permite una función de prohibición que faculta la expresión de los ideales culturales. Sin embargo, como bien anota el psicoanalista Norberto Marruco, es preciso denunciar ciertos aspectos tanáticos de estos ideales en los que la pulsión de vida es avasallada y la pulsión de muerte se oculta para eliminar toda posibilidad de encuentro con el otro. (2002:351).
Así, podríamos entender el uso excesivo de estas redes como consistente con los ideales sociales de la época. Si vivimos en un mundo en el que el tiempo equivale al dinero y este debe ser acumulado en orden de poder tener cada vez más, el uso de nuevas tecnologías y la participación en las múltiples redes sociales para poder estar en contacto con otros es casi un imperativo social. Pero ¿están favoreciendo o haciendo más difícil nuestro encuentro con otros?
Relaciones virtuales: la fragilidad de los vínculos contemporáneos
Nuestras redes sociales no solo están cambiando lo que hacemos, también están cambiando lo que somos. Es notable la dependencia cada vez mayor que las personas tenemos frente a nuestros smartphones, tablets, computadores, etc. Estamos constantemente texteando, vale decir, sumergidos en alguna red social. Turkle (2012) propone que textear es equivalente a salirse de lo que uno está haciendo para evitar relacionarse con el otro o, incluso, con nosotros mismos. Esta dinámica de estar con alguien en la realidad y simultáneamente texteando en nuestro celular parece representarse en el slogan “usted puede estar en todas partes”.[5]
Lo paradójico del asunto es que las herramientas virtuales –que fueron creadas por la necesidad de comunicarse- están reemplazando a la comunicación cuando ésta tiene lugar en un tiempo real. En lugar de conversaciones tenemos conexiones y si bien las segundas generan alguna emoción, son las primeras las que verdaderamente necesitamos. En ese sentido, los avances tecnológicos y las redes sociales parecen ser una mala solución frente a la soledad que implica no tener tiempo para relacionarnos con otros.
Diversos autores han afirmado que los actuales vínculos humanos reproducen una extraña dinámica en la que el deseo de cercanía es sentido a la vez con una necesidad de distancia y a veces, incluso, como una agresión. Se busca “estrechar los lazos, pero manteniéndolos al mismo tiempo flojos para poder desanudarlos lo más rápido que se pueda” (Bauman 2005:8). El deseo por relacionarse se ve frustrado por las propias personas que impiden que sus relaciones se cristalicen. En lugar de hablar de relaciones y de parejas, hoy existen “conexiones” y “redes”, pues estas últimas permiten su disolución antes de que dejen de ser instrumentales a los deseos de cada quien. De hecho, el que desde una matriz narcisista se busque desesperadamente el deseo de los otros sobre uno, no implica que detrás de esto haya un genuino interés por quien te mira. El otro existe en tanto su mirada puesta sobre uno sirve al deseo de sentirse deseado, omnipotente, completo. Y así, también, deja de tener importancia cuando frustra ese deseo narcisista.
En este punto es importante resaltar que las redes sociales no solo vehiculizan esta cultura de la sensación, sino que además, tienden a radicalizarla. Estos medios permiten un tipo de relación que no tiene precedentes: es a través de la tecnología que uno puede sentirse acompañado sin estarlo en realidad. Ésta ha hecho posible el compartir conversaciones, estados de ánimo e incluso formas virtuales de sexo, todo ello facilitado por la instantaneidad y, en algunos casos, el anonimato. (Quiroz 2007:241). Como bien afirma Arianna Huffington –la gurú de los blogs en Estados Unidos- “bloguear es como tener intimidad sin tener que estar en contacto” (En Bou 2010: 161).[6]
Parece ser que la necesidad de vincularse es vivida frente a la imposibilidad de hacerlo y que los vínculos humanos se encuentran cada vez más marcados por la fragilidad, por la instantaneidad y por la falta de compromiso. De hecho, la atención humana tiende a concentrarse en la satisfacción que espera de las relaciones. Sobre esto, Bauman afirma que aunque hombres y mujeres se encuentran hoy desesperados por relacionarse, desconfían todo el tiempo de “estar relacionados”. Existe una profunda ambivalencia en las relaciones debido a la fuerte tendencia a la individualización que genera la oscilación entre sentir las relaciones o como un sueño deseable o como una pesadilla (2005:8).
El peligro de las subjetividades contemporáneas
Revisemos ahora algunas ideas sobre lo que depara para la construcción de las subjetividades esta presencia cada vez mayor de lo virtual en nuestras vidas:
Partiendo del exceso de información que hoy fluye en las millones de pantallas en el mundo, el filósofo Jean Baudrillard plantea que el significante –la imagen- ha reemplazado al significado. Afirma que el contenido ha dejado de importar, pues la magnitud de la información es tal que la única forma que tenemos las personas de lidiar con ella es terminar aceptando a las imágenes solo como imágenes y ya no como significados. O dicho de otra manera: Baudrillard propone que la comunicación se ha vuelto obscena, pues pone fin a la representación (1985:193). Las personas ya no se proyectan en sus objetos con sus afectos y representaciones y los flujos de información en los nuevos medios disuelven la dimensión psicológica y sus distintas extensiones se homogenizan en un mismo proceso virtual (1985:191).
Por su parte, el psicoanalista Luis Herrera se pregunta si el desarrollo tecnológico de la virtualidad no podría matar ese fundamental espacio de imperfección esencial con un simulacro que lo alteraría. Al respecto, plantea que “ese espacio es indispensable para la vida puesto que en él se consigue producir significados”[7]. Tendríamos entonces que preguntarnos, si las imágenes virtuales pueden asociarse del mismo modo en el que lo hacen las representaciones.
La psicoanalista Silvia Bleichmar propone, por ejemplo, que cada nuevo cambio tecnológico es procesado al interior de la mente en donde los tiempos anteriores coexisten y se asocian a lo nuevo. Así –con una voz menos crítica y más constructiva que la de Baudrillard- Bleichmar sostiene que, aunque en los tiempos actuales se atienda menos al relato que a la imagen, eso no significa que no se construyan sentidos. A pesar de la proliferación excesiva de la imagen, las personas “seguirán guiando su búsqueda por preocupaciones singulares que no son reductibles a la información obtenida” (2005:74).
Las redes sociales son y seguirán siendo parte de lo que construye las subjetividades. Para bien o para mal, la virtualidad ensanchará el mundo exterior y, frente al tono oscurecido con el que muchos describen hoy la realidad, la propuesta de Bleichmar sugiere que el psicoanálisis tiene ya la experiencia en la constitución de un campo caracterizado por la coexistencia de dos sistemas co-presentes con legalidades, modos de funcionamiento y contenidos diferentes en donde el sujeto oscila articulando sistemas de verosimilitud (2005:76). Las pantallas y sus redes sociales serían entonces un nuevo lugar para que puedan desplegarse los nuevos, pero también los viejos conflictos y enigmas que el ser sujeto impone.
Referencias Bibliográficas
BAUDRILLARD, Jean. “El éxtasis de la comunicación”. En La Posmodernidad. Barcelona: Kairós. 1985
BAUMAN, Zygmunt. Amor Líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. BuenoS Aires: Fondo de cultura económica de Argentina S.A. 2005
BLEICHMAR, Silvia. La subjetividad en riesgo. Buenos Aires: Topía editorial. 2005
BOU, Enric. Bloqueo digital: perversidad en las autobiografías público-privadas. En Nuevos hispanismos interdisciplinarios y trasatlánticos. Ed. ORTEGA, Julio. México D.F: Iberoamericana Vervuert. 2010.
BRUCE, Jorge. Asuntos personales. La experiencia interior en la vida cotidiana Lima: Peisa. 1995
CASTELLS, Manuel. La era de la información. México, Distrito Federal: Siglo XXI Editores. 2002
FREUD, Sigmund. Introducción al narcisismo. Buenos Aires: Amorrortu. 1914
LACAN, Jaques. “El estadio del espejo”. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI. 1971
MARUCCO, Norberto Carlos. LA estructura del psiquismo y la cultura. Ideales narcisistas e ideales culturales (comunicación preliminar). En Revista de Psicoanálisis. LIX 2. 2002. Pags 343-353
QUIROZ, María Teresa. “Internet: juego de identidades y nuevos espacios de comunicación de los jóvenes”. En Industrias Culturales. Máquinas de deseos en el mundo contemporáneo. Eds. LOPEZ MAGUIÑA, S. PORTOCARRERO, G. SILVA SANTISTEBAN, R. UBILLUZ, J. VICH, V. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. 2007
ROUDINESCO, Elisabeth y PLON, Michel. Diccionario de Psicoanálisis. Buenos aires: Paidós. 1998
SIBILIA, Paula. El espectáculo de la intimidad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. 2008
UBILLUZ, Juan Carlos. Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea. Lima: IEP ediciones. 2006
TED talk de la psicóloga Sherry Turkle.
http://www.ted.com/talks/sherry_turkle_alone_together
[1] Este fenómeno se conoce como la crisis de la burbuja.com. En el periodo comprendido entre el 2000 y el 2003 desaparecieron cerca de 5000 compañías de Internet ya sea por quiebra o por fusión. Véase http://es.wikipedia.org/wiki/Burbuja_punto_com
[2] Debido a su emergencia masiva y a su carater heterogéneo, muchos han querido responder si es factible clasificar a los blogs. En tanto no existe un blog igual a otro, se han creado páginas que buscan ordenarlos según sus propósitos: realizar denuncias de interés público, circular información sobre avances en tecnología, comentar noticias, publicar historias personales, etc. Sin embargo, esta forma de clasificación no tiene fin, pues si bien la mayoría de blogs incluye una suerte de mezcla singular de estilos y contenidos, aquellos que más atención han logrado captar suelen situarse dentro de una de dos tendencias: o son páginas que se ocupan de temas públicos o son espacios que sirven como diarios autobiográficos. Para efectos de este ensayo, solo voy a referirme a los segundos.
[3] Un caso emblemático de la blogósfera peruana que escenifica esta espectacularización de la intimidad fue el del periodista Renato Cisneros, quien empezó a escribir en su blog Busco novia sobre sus historias de bares en busca de una novia. El blog se volvió tan conocido y comentado que empezó a incluir fotos y videos de la casa, la abuela y hasta el perro del autor. Finalmente, Cisneros terminó editando dos libros y una agenda con el material de su blog y creó una página web sobre él: El diario íntimo de RC en http://www.renatocisneros.net
[4] Esta función aparece en la parte inferior de cada publicación hecha por el usuario o sus contactos (actualizaciones de estado, contenido compartido, etc.) y se caracteriza por un pequeño ícono en forma de una mano con el dedo pulgar hacia arriba. Permite valorar si el contenido es del agrado del usuario actual en la red social, del mismo modo se notifica a la persona que expuso ese tema originalmente si es del agrado del alguien más.
[5] Idea extraída del psicoanalista Luis Herrera en una comunicación personal.
[6] Traducción de “blogging is like intimacy without having to be in contact”.
[7] Cita extraída del psicoanalista Luis Herrera en una comunicación personal.